
En esta ocasión Ramiro Calle escribe acerca de la muerte.
"Sabemos algunas cosas muy ciertas sobre la muerte en sí:
- Es segura
- Es irreparable
- Es hoy y no mañana cuando se produce- Es imprevisible - Se muere en soledad, aunque muchas personas permanezcan al lado del que fallece- Nadie puede morir por otro.¿Hemos reflexionado, alguna vez, sobre estas características de la muerte y las hemos dado por más que sabidas? Si realmente tuviéramos lúcida consciencia de que no sólo mueren los otros, sino que también la muerte nos alcanzará de forma irremisible, estaríamos menos afincados en nuestro narcisismo y autosuficiencia, no nos extraviaríamos tanto en vacíos apegos, ni nos permitiríamos estúpidos estados de ánimo. Al contrario, amaríamos un poco más cada instante de vida, descubriendo su grandeza e inmensidad. Si experimentáramos a nivel profundo y revelador (no meramente intelectual) que hemos de morir, concederíamos mayor importancia a lo que realmente tiene valor y no nos perderíamos en tantas insignificancias y trivialidades. Mejoraríamos, sin duda, nuestras relaciones internas y externas, y enfocaríamos la muerte no con pavor o desesperación, sino como un medio para potenciar el vivir cotidiano, expandirnos y ganar la quietud interior.”
Ahora es que me hago la siguiente reflexión ¿cuántas veces hemos escuchados decir ante un diagnóstico de cáncer u otra grave enfermedad, que aprovecharía más el tiempo para sí mismo, para la familia, disfrutar un libro, o la compañía de ese amigo, o correr por el pasto, decir “te quiero” mas seguido y a contemplar la naturaleza?
¿Qué pasa con nosotros, los que permanecemos y acompañamos?
Permanecí junto a mi gran amiga Yone en esta experiencia. En este momento se requiere más que nunca la cercanía, el diálogo, la compañía. El apoyo emocional y la comunicación. Precisamente por ser algo que nos atañe como individuos, necesitamos estar rodeados de afecto. Para mí fue un honor, un privilegio.
Tuvo la experiencia del apego familiar, sus hijos, sus nietos. Vivió la vulnerabilidad de una separación y sus consecuencias. Todo junto. Nunca la vi con la rabia propia de quien recibe la noticia. Aprovechó todos los momentos que tuvo. Estuvo consigo misma, con otros, congregó en amor y perdón. Conversamos, como nunca antes, acerca de lo humano y de lo divino. Me di cuenta que hasta yo percibí el mundo diferente desde su perspectiva. Gran regalo, fuerte experiencia. Llegó a sentirse una privilegiada al saber la fecha de su fin por esta vida “sé que la muerte esta cerca de mí, es mi ventaja en relación a muchos”: tengo tiempo, el necesario- fueron sus palabras. Y lo tuvo…
Mi pregunta, ¿que harías tú ante esta noticia?
HOY ES UN BUEN DIA PARA VIVIR, PERO TAMBIEN PARA MORIR.