
Mi propósito es servir de ayuda en esta experiencia a quien se presente en mi camino, como Hécate, de la mitologia griega, la sabia anciana de los que se van.. "acompañante de los que no saben donde están y no van a ninguna parte".
martes, agosto 25, 2009
martes, agosto 18, 2009
VIVIR DESDE EL CORAZON 2
SEGUNDA PARTE
Con la entrada anterior inicié un mini-ciclo acerca de Vivir desde el Corazón.
Esta es una experiencia que recibí de Naymará hace años y hoy que estamos viviendo momentos muy sensibles y se nos pide re-encontrarnos desde ahí, es que quise compartirla contigo.
Mediante el sencillo recurso de seguir nuestra respiración entrando y saliendo, podemos llegar a sentir el ritmo vital – del corazón- que siempre está moviéndose en nuestro cuerpo. Entonces podremos oír las historias que la mente quiere contamos, escuchar los anhelos del corazón y todas las cosas que apreciamos profundamente.
De esta manera podemos escuchar con atención sagrada, con respeto, a fin de llegar a saber cuál es la verdad en el corazón de ese otro. Lo que más nos importa, lo más urgente por hacer está allí, siempre y cuando que dediquemos tiempo a escuchar. Sin embargo, algunas veces nos asustamos. No nos damos cuenta de que el corazón está en capacidad de darse y abrirse en medio de todas las cosas.

Con frecuencia, cuando intentamos escuchar al corazón por vez primera, asoma la tristeza. Todos los asuntos de los que hemos huido, el dolor que nos hemos negado a sentir, las pérdidas que constituyen una parte de nuestra cantidad de tristeza, las lágrimas del mundo, se nos revelan. También nos es dado abrimos a todo ello y escucharlo de manera respetuosa o sagrada; podemos permitir que se despliegue la grandeza de nuestro corazón.
Una mujer cuenta que todas las mañanas, cuando se dirigía a su trabajo, pasaba frente a un indigente. Durante meses echó monedas en su vaso, y poco a poco llegó a establecer con él una relación de saludos con la cabeza. Entonces, un día, comprendió que jamás lo había mirado a los ojos. Tenía la sensación de que, de hacerlo, el hombre terminaría instalado en su casa en menos de una semana. Comprendió que ella se había cerrado.
Al igual que ella, todos tememos no poder aguantar el dolor y la belleza del mundo. También es cierto que el corazón tiene sus estaciones, así como la flor se abre a la luz del Sol y se cierra a la oscuridad.
Debemos respetar esos ritmos, sin embargo no podemos cerrarnos durante mucho tiempo. Nuestra verdadera naturaleza es tener un corazón abierto, así como la verdadera naturaleza de la flor es abrirse a la luz del Sol.
A veces a esto lo llaman nuestra naturaleza divina.
No importa cómo la llamemos, es importante saber que cada corazón tiene una enorme capacidad para contener el mundo. Estamos conectados de manera íntima con todas las cosas y, querámoslo saber o no, nuestro corazón es sensible a todo lo que es verdad en la vida.
El trabajo de nuestro corazón, el trabajo de dedicar el tiempo, de escuchar, de vivir de acuerdo con nuestros valores, “el amar bien” es también nuestro regalo al mundo entero.
Gracias a nuestro coraje interno despertamos el potencial más grande de la vida humana, la única verdadera libertad del ser humano: amar por sobre todas las cosas ♥♥♥

Esta es una experiencia que recibí de Naymará hace años y hoy que estamos viviendo momentos muy sensibles y se nos pide re-encontrarnos desde ahí, es que quise compartirla contigo.
Mediante el sencillo recurso de seguir nuestra respiración entrando y saliendo, podemos llegar a sentir el ritmo vital – del corazón- que siempre está moviéndose en nuestro cuerpo. Entonces podremos oír las historias que la mente quiere contamos, escuchar los anhelos del corazón y todas las cosas que apreciamos profundamente.
De esta manera podemos escuchar con atención sagrada, con respeto, a fin de llegar a saber cuál es la verdad en el corazón de ese otro. Lo que más nos importa, lo más urgente por hacer está allí, siempre y cuando que dediquemos tiempo a escuchar. Sin embargo, algunas veces nos asustamos. No nos damos cuenta de que el corazón está en capacidad de darse y abrirse en medio de todas las cosas.

Con frecuencia, cuando intentamos escuchar al corazón por vez primera, asoma la tristeza. Todos los asuntos de los que hemos huido, el dolor que nos hemos negado a sentir, las pérdidas que constituyen una parte de nuestra cantidad de tristeza, las lágrimas del mundo, se nos revelan. También nos es dado abrimos a todo ello y escucharlo de manera respetuosa o sagrada; podemos permitir que se despliegue la grandeza de nuestro corazón.
Una mujer cuenta que todas las mañanas, cuando se dirigía a su trabajo, pasaba frente a un indigente. Durante meses echó monedas en su vaso, y poco a poco llegó a establecer con él una relación de saludos con la cabeza. Entonces, un día, comprendió que jamás lo había mirado a los ojos. Tenía la sensación de que, de hacerlo, el hombre terminaría instalado en su casa en menos de una semana. Comprendió que ella se había cerrado.
Al igual que ella, todos tememos no poder aguantar el dolor y la belleza del mundo. También es cierto que el corazón tiene sus estaciones, así como la flor se abre a la luz del Sol y se cierra a la oscuridad.
Debemos respetar esos ritmos, sin embargo no podemos cerrarnos durante mucho tiempo. Nuestra verdadera naturaleza es tener un corazón abierto, así como la verdadera naturaleza de la flor es abrirse a la luz del Sol.
A veces a esto lo llaman nuestra naturaleza divina.
No importa cómo la llamemos, es importante saber que cada corazón tiene una enorme capacidad para contener el mundo. Estamos conectados de manera íntima con todas las cosas y, querámoslo saber o no, nuestro corazón es sensible a todo lo que es verdad en la vida.
El trabajo de nuestro corazón, el trabajo de dedicar el tiempo, de escuchar, de vivir de acuerdo con nuestros valores, “el amar bien” es también nuestro regalo al mundo entero.
Gracias a nuestro coraje interno despertamos el potencial más grande de la vida humana, la única verdadera libertad del ser humano: amar por sobre todas las cosas ♥♥♥
lunes, agosto 10, 2009
VIVIR DESDE EL CORAZON
PRIMERA PARTE...

Si queremos amar, dediquemos tiempo a escuchar nuestro corazón.
El amor comienza cuando reconocemos que lo que más profundamente nos llena. No es lo que poseemos ni lo que hacemos, sino el estado de nuestro corazón.
Un niño que medita
Muchos de nosotros empezamos a perder nuestra inocencia y el contacto con nuestro corazón hace muchos años, en la infancia, cuando los enterramos para poder sobrevivir a la escuela, la familia, la religión y la cultura. De manera que una parte del arte de vivir desde el corazón es reivindicar esa capacidad infantil de escucharlo nuevamente.
La mayor parte de nosotros debemos encontrar nuestro propio camino para reivindicar nuestras lágrimas y nuestras penas enterradas y, habiéndolo hecho, redescubrir una nueva fuente de regocijo y alegría.
Todo parece ser difícil, aquí hay mucho de buena voluntad, mas no imposible…es tiempo de re-encuentro.
Las grandes tradiciones de la meditación y la oración, de la vida contemplativa, ofrecen caminos que nos ayudan a escuchar con profundidad, a restaurar ese contacto perdido.
Una de las cualidades que todas ellas alientan para que no perdamos el contacto con nuestro corazón es la quietud.

Debemos salirnos del tiempo para "hacer" cosas y cambiarlo por un tiempo para "ser". Necesitamos un domingo, un día sagrado, un tiempo para detenernos y reconectamos con el espíritu que está en todas las cosas.
Porque incluso hacer demasiadas buenas obras se nos puede convertir en un problema. Como dijo Thomas Merton: "Dejarnos llevar por una multitud de asuntos contradictorios, aceptar demasiadas exigencias, comprometerse con demasiados buenos proyectos, querer ayudar en todo y a todos es otra manera de sucumbir a la violencia de nuestro tiempo".
De manera que lo que buscamos al vivir desde el corazón es un ritmo vital que incluya tiempo para renovamos en la naturaleza: tiempo para caminar sin otro propósito distinto de caminar; tiempo para estarnos quietos; tiempo para escuchar los sonidos de la vida que nos rodean; tiempo para escuchar a nuestro cuerpo; tiempo para escuchar a nuestro corazón.
Gracias Naymará por compartirme esto....

Si queremos amar, dediquemos tiempo a escuchar nuestro corazón.
El amor comienza cuando reconocemos que lo que más profundamente nos llena. No es lo que poseemos ni lo que hacemos, sino el estado de nuestro corazón.
Un niño que medita
Muchos de nosotros empezamos a perder nuestra inocencia y el contacto con nuestro corazón hace muchos años, en la infancia, cuando los enterramos para poder sobrevivir a la escuela, la familia, la religión y la cultura. De manera que una parte del arte de vivir desde el corazón es reivindicar esa capacidad infantil de escucharlo nuevamente.
La mayor parte de nosotros debemos encontrar nuestro propio camino para reivindicar nuestras lágrimas y nuestras penas enterradas y, habiéndolo hecho, redescubrir una nueva fuente de regocijo y alegría.
Todo parece ser difícil, aquí hay mucho de buena voluntad, mas no imposible…es tiempo de re-encuentro.
Las grandes tradiciones de la meditación y la oración, de la vida contemplativa, ofrecen caminos que nos ayudan a escuchar con profundidad, a restaurar ese contacto perdido.
Una de las cualidades que todas ellas alientan para que no perdamos el contacto con nuestro corazón es la quietud.

Debemos salirnos del tiempo para "hacer" cosas y cambiarlo por un tiempo para "ser". Necesitamos un domingo, un día sagrado, un tiempo para detenernos y reconectamos con el espíritu que está en todas las cosas.
Porque incluso hacer demasiadas buenas obras se nos puede convertir en un problema. Como dijo Thomas Merton: "Dejarnos llevar por una multitud de asuntos contradictorios, aceptar demasiadas exigencias, comprometerse con demasiados buenos proyectos, querer ayudar en todo y a todos es otra manera de sucumbir a la violencia de nuestro tiempo".
De manera que lo que buscamos al vivir desde el corazón es un ritmo vital que incluya tiempo para renovamos en la naturaleza: tiempo para caminar sin otro propósito distinto de caminar; tiempo para estarnos quietos; tiempo para escuchar los sonidos de la vida que nos rodean; tiempo para escuchar a nuestro cuerpo; tiempo para escuchar a nuestro corazón.
Gracias Naymará por compartirme esto....
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