Mi propósito es servir de ayuda en esta experiencia a quien se presente en mi camino, como Hécate, de la mitologia griega, la sabia anciana de los que se van.. "acompañante de los que no saben donde están y no van a ninguna parte".
Lo ridículo es no parar de hablar de la muerte, de la que lo único que sabemos es que es y está.La muerte no existe, me digo muchas veces, recordando la de cada uno, la de todos ellos:simplemente se deja de vivir. No hay una "Dama del alba", ni un Segador de Guadaña, ni un jugador de ajedrez; ni ese ángel que esculpen sobre algunas tumbas con el dedo puesto sobre lo labios. Pide silencio. No le hagamos caso: es solo un mármol hecho por un hombre y una superstición. No queremos callarnos... No hay Mas Allá, no hay fantasmas, ni sombras ni nada. Ni Infierno, ni Juicio Final, que son un par de horribles canalladas para atarnos al miedo... No hay ni siquiera ese "se" impersonal. La Nada, que es una imaginación, tan absurda como el Todo.
Érase una vez unas ranas que iban atravesando un bosque y dos de ellas cayeron en un hoyo bastante hondo. El resto de las ranas se reunieron alrededor de él. Cuando vieron que éste era muy profundo, les dijeron a las dos ranas que se dieran por muertas. Las dos ranas ignoraron los comentarios y trataron de saltar con todas sus fuerzas para salir del hoyo. Las demás ranas siguieron diciéndoles que se detuvieran, que se dieran por muertas.
Finalmente, una de las ranas hizo caso a lo que las otras ranas estaban diciendo y se dio por vencida. Se dejó caer al suelo y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como pudo.
De nuevo el grupo de ranas le gritó a la otra rana que no sufriera intentando salir y que mejor se dejara morir. Pero la rana saltaba más y más fuerte y finalmente logró salir. Resultó que esa rana era sorda y no le era posible oír el consejo de las demás. En todo momento pensó que sus compañeras la estaban animando para que saliera.
La palabra tiene el poder de la vida y de la muerte: Una palabra de aliento a alguien que está pasando por un mal momento puede reanimarlo y ayudarlo a salir adelante, pero una palabra destructiva para esa misma persona puede ser lo único que se necesite para matarlo. Nuestras palabras deberían ser siempre de aliento para todos aquellos que se cruzan en nuestro camino. A veces es difícil entender que una palabra pueda hacer tanto por alguien. Así que de ahora en adelante, reflexionemos lo que vamos a decir. Este cuento se explica a los niños de la India para enseñarles el poder de las buenas palabras en la amistad.