
Acerca de la vida y de la muerte... se piensa que podemos ser capaces de vivir teniendo en cuenta dos dimensiones. La dimensión histórica, que es como una ola y la dimensión trascendente que es como el agua. En la dimensión histórica tenemos certificados de nacimiento y defunción. El día que nuestra madre fallece, sufrimos. Si alguien se sienta cerca de ti y te muestra comprensión, te sientes más aliviado. Tienes su amistad, su apoyo, puedes estrechar su mano. Ése es el mundo de las olas. Se caracteriza por el nacimiento y la muerte, las subidas y las bajadas. Una ola tiene su inicio y tiene su fin. Pero no podemos atribuirle esas características al agua. En el mundo del agua no existe el nacimiento o la muerte, el ser o el no ser, el inicio o el fin. Cuando percibimos el agua, sentimos la realidad en su dimensión última y nos liberamos de todos estos conceptos, de todas las críticas.
Nos hallamos, entonces, de instante en instante ante dos caminos: el horizontal y el vertical. El horizontal ya lo tenemos asegurado...y tenemos fecha de caducidad: podemos vivir únicamente la vida de la personalidad. En el vertical tenemos la posibilidad de alimentar a la esencia y adquirir un nivel de ser (nivel de consciencia) diferente.
Cada uno de nosotros ha ido adquiriendo SU visión particular del mundo. Para los que escogimos este otro camino nos ha ayudado a comprender y vivir nuestra vida más conscientemente, en el sentido que nos hacemos responsables de un trabajo personal, metódico, riguroso y con exigencias. Una opción.
Entiendo que existen otras visiones y las acepto. Las hay materialistas, agnósticas o ateas, que ven la vida de otra manera y agradezco, con verdadero interés constructivo, compartir visiones diferentes a la mía. Mi propósito es, y ha sido, entregar herramientas que permitan vivir mejor nuestra vida y nuestra muerte.